martes, 31 de marzo de 2020

Es un pájaro? es un avión? - contacto Seat Tarraco


No, es Super-Seat!

Hubo un tiempo en que todas las marcas suspiraban por tener una gran berlina clásica, de tres volúmenes, que ejerciera como tope de gama ("buque insignia", tomando el argot de la marina). Así, teníamos circulando los Renault Safrane, Opel Omega, Citroën C6... etc. pero Seat no acababa de encontrar su hueco al respecto. Sí, el Toledo se acercaba, pero los proyectos secretos sobre una gran berlina española que aparecían de tanto en tanto en la prensa especializada nunca acababan de materializarse. Volkswagen hizo un amago con el Exeo, pero seguía sin ser lo mismo y tanto esperaron que el momento pasó y llegó el fenómeno SUV, acabando por desterrar la idea de tener un Seat de porte y corte clásico.


Pero como hay mal que por bien no venga, el grupo VAG ha permitido el lanzamiento de este Tarraco para cubrir este histórico hueco en la marca de Martorell. La tecnología de módulos y el ataque indiscriminado de los alemanes en todos los frentes ha dado a luz a este modelo de casi 4,75 metros mellizo de los Tiguan y Kodiaq que, dicho sea de paso, no llega a ser el más grande fabricado por SEAT actualmente, pues el Alhambra lo supera en 10 centímetros, aunque ya se sabe que los monovolúmenes no cuentan hoy en día para casi nadie.


Este nexo común hace que los tres tengan un aire de familia más que innegable, con pocas diferencias visuales más allá de la forma del pilar C (panorámica en el Skoda y con un quiebro bastante semejante en los otros dos), pero con una clara diferenciación en el morro y en el interior. Quizás uno de los aspectos más interesantes de este nuevo Tarraco en temas diseño no es lo que es, sino lo que anticipa: basta observar la zaga, con los pilotos unidos por una tira de leds y, sobretodo, el frontal, con la parrilla de 6 lados -a mí me recuerda al escudo de Superman, con la S enmedio-, los faros claramente retrasados, el capó en bajada con dos lineas a lo largo... sí, daba el pistoletazo de salida al estilo que el nuevo León ha sublimado!


En el interior, es de agradecer que no se haya, simplemente, reciclado el del Ateca y se haya intentado darle una personalidad propia. Dentro de un orden, claro, pues desde el módulo del climatizador hacia abajo la disposición y piezas son calcadas a la de cualquiera de los otros modelos de VAG, pero al menos toda la parte superior, más visible, sigue el estilo actual de SEAT, con abundancia de lineas rectas, sobrias y sencillas y en el que los aireadores ganan protagonismo a base de formas y molduras destacadas.


Obligado el digital cock-pit, llama la atención la variedad de vistas distintas de que dispone: con esferas completas, con semi-esferas al estilo BMW o con una versión minimalista que incorpora una imagen del propio vehículo.


También me ha gustado el tamaño de la pantalla táctil central, con la calidad habitual del grupo en imagen y rapidez y que destaca por su buena ubicación, alineada con el los indicadores de conducción.


En la parte delantera el espacio disponible no impresiona tanto, vistas las dimensiones exteriores, estando al nivel de cualquier otro SUV de tamaño semejante. De ahí para atrás, en cambio, la cosa es distinta, con una zona trasera del tamaño de la nave central de la Sagrada Familia. Ello le permite disponer de un maletero de récord, 760 litros (700 si se montan los dos asientos auxiliares), aunque con un cierto truco, pues la banqueta trasera es deslizable y dicha capacidad se corresponde con la posición más avanzada. Por desgracia no monta 3 asientos individuales, el ideal para cualquier vehículo con aspiraciones familiares, sino un respaldo corrido con una protuberancia que lo hace impracticable para el ocupante de en medio... en fin, las marcas siguen con aquello de que "dos son compañía, tres multitud"!. Volviendo a los asientos principales, son auténticos butacones, muy amplios y cómodos, aunque con una sujeción lateral no demasiado acusada y que parecen venir directamente del Tiguan... tiempos aquellos en los que se desarrollaban unos específicos para la marca, como los del Altea, que marcaron época!.



Para la prueba, no se ha reparado en gastos y la versión es la gasolina 2.0 TSI, 190 caballos, 4drive, cambio DSG... 45.000€ para un producto de elevada factura, tanto por el acabado que proporciona la versión Xcellence como por el precio a desembolsar por él.


Del rendimiento del conjunto motor/caja de cambios, poco se puede decir que no se sepa ya: potencia a raudales -tanta que no le afectan ni las 2 toneladas que puede llegar a alcanzar con dos ocupantes- y un cambio automático plenamente satisfactorio, ya sea en uso manual con las levas, ya sea dejando que actúe la inteligencia artificial del DSG, pues responde con celeridad a las órdenes del acelerador. En lo que sí he notado un claro cambio respecto al Ateca ha sido en el tarado de las suspensiones, claramente más orientadas al confort que a la efectividad. Efectivamente, si en el SUV compacto era notoria la firmeza que mostraban, este Tarraco me ha sorprendido con un tacto más suave, que no esconde las inclinaciones de la carrocería en fuertes apoyos... pese a llevar activado el modo Sport. Cierto es que la dirección sigue siendo su gran aliada para que la diversión no decaiga, pero como conductor entusiasta que soy hubiera preferido un ajuste aún más rígido cuando quiero lo que quiero, pero eso hubiera ido en contra de la definición de asientos que monta, como decía, claramente más orientados al confort que al agarre. En fin, imagino que para eso está la versión FR, con asientos tipo baquet de los que meten miedo nada más verlos.


Pero en global es un buen producto, con la calidad habitual de cualquier marca del grupo VAG y añadiendo un estilo visual marcado y una leve diferenciación dinámica de la que carecen sus hermanos. Quizás llegaremos a echar de menos las berlinas tricuerpo, pero está claro que de porte y distinción estos grandes SUV no van precisamente escasos.


En breve, más sensaciones al volante en mi blog! y cambio de tercio para probar un tipo de vehículo de los que ya van quedando pocos...

miércoles, 18 de marzo de 2020

Electri-city tour - prueba Jaguar I-Pace.



Tres veces. Hasta por tres veces he acudido a algún evento en el que rondaba el Jaguar eléctrico y me he quedado con las ganas de probarlo. La primera fue en unas jornadas en el Jarama, donde estaba expuesto como gran primicia hace ahora casi dos años (Busco a Jag); la segunda, a los pocos meses, en Castellolí (Drift de lujo), y, la última, en el Expoelectric 2018, donde, al menos, puede hacer un pequeño recorrido desde el asiento del conductor... pero como a cabezón no me gana nadie, al final he conseguido probarlo por mí mismo en un recorrido de unos 3/4 de hora muy completito, pues ha incluido carretera de montaña, autopista y algo de ciudad.


La cita era en el exclusivo Gran Hotel La Florida -a tal señor, tal honor- y se enmarcaba dentro del Electri-city tour del grupo JAG, por lo que también era posible probar modelos como el nuevo Range Rover enchufable.



Suena un poco paradójico que la marca incluya la palabra "city" en esta muestra de sus vehículos eléctricos y PHEV... en serio? vehículo que rondan los 5 metros y superan las dos toneladas? si incluso hablamos de 400 km de autonomía en el caso del I-Pace!. Entiendo que se refieren al hecho de que ambos pueden lucir la etiqueta cero emisiones -el Range, al disponer de 50 km por carga-, pero la verdad es que no se ajustan a la idea de vehículo urbano que todos tenemos en mente.


Sea como sea, por fin tengo la oportunidad de ponerme al volante y darme un garbeo para disfrutar de las curvas de la montaña del Tibidabo. Cuesta poco encontrar un perfecto acomodo en los enormes asientos de este Jaguar. Me gusta el interior, con esa mezcla de estilo clásico y con el toque tecno que le proporcionan las variadas pantallas que adornan el interior. Como buen eléctrico, todo funciona a toque de botón o tecla, hasta el selector de marchas: en vertical, junto al conductor, encontramos los botones de P (parking), R (marcha atrás), N (punto muerto) y D (a salir zumbando!).


Imagino que el motor está en marcha -ya se sabe, no suena-, aprieto la D y empiezo a rodar con suavidad por el parking del hotel, cuidando de no tocarme con ninguno de los otros cochazos que rondan por allí y que suman entre todos varios cientos de miles de euros. Bajo el vado y, a los pocos metros, noto que la suspensión es muy cómoda... demasiado incluso. En todo momento noto como la carrocería sube y baja, se bambolea, me recuerda a un Citroën 2 Cv o a los coches de polis americanos de las pelis de los 80 y 90, en los que, cuando llegan al escenario del crimen y frenan, todo el coche se inclina. Vale, no llega a ese extremo, pero es en extremo blanda. Demasiado para un coche con los genes deportivos de un Jaguar! lo mismo le pasa a la dirección, tan suave que llega a resultar poco precisa. Se lo comento a mi monitor y me dice que puedo cambiar a modo dinámico, y ahora sí que me reencuentro con lo que recordaba de la marca cuando probé el E-Pace por las carreteras del Bruc.


Como por arte de magia, el coche se transmuta: ahora se le nota más aposentado sobre el asfalto y hasta la dirección se ha vuelto mucho más precisa, al ganar un punto de dureza que permite afinar la trazada. Incluso el motor empieza a sonar con claridad dentro del habitáculo, con un sonido bajo y profundo que proviene de su motor de 6 cilindros y.... un momento, si no hay cilindros! lo que sucede es que cuenta con un emulador de sonido que lo emite por los altavoces! Aunque no es molesto, seguro que al final acabaríamos desconectándolo, acostumbrados al silencio habitual, pero tiene su gracia y para hacer la broma va genial.


Aunque tiene varias opciones de visualización para el conductor, me quedo con la esfera única central y navegador a un lado, la que me resulta más legible. Las curvas se suceden y yo me noto cada vez más a gusto con este eléctrico de lujo: acelerar, frenar, girar, volver a acelerar... al no tener marchas, es una gozada total rodar en este tipo de carretera, pues no hay que preocuparse del régimen de giro del motor o de la marcha engranada. Vamos, de videojuego total, y con 400 caballos de fuerza instantánea, que hacen esfumarse las rectas a poco que te lo propongas. Para maximizar el disfrute, le pido a mi acompañante que desconecte el sistema regenerativo del pedal de freno, pues es otro gadget bastante antipático del coche por su poco previsible funcionamiento. El tacto del pedal no enamora, con una primera zona de poca mordiente y poca sensación de retención, pero se complica cuando entra en marcha esta especie de asistente de frenada y hace que el coche pierda velocidad de golpe aunque tú mantengas la misma presión sobre el mando... en ciudad y a poca velocidad es correcto, pero una vez sales de ahí, mejor llevar uno mismo las riendas.


Entramos ahora en una travesía urbana y me toca callejear para evitar unas obras. Uf, tocan calles estrechas y giros de 90 grados entre bordillos y coches aparcados, pero la agilidad del coche es más que buena también en esta situación: quizás lo del "city" no esté tan fuera de lugar, sobretodo gracias a que parece deslizarse sobre sus enormes neumáticos más que rodar a baja velocidad.


Para la vuelta al punto de partida entramos en la autopista. Territorio virgen para mí en este tipo de coches, pues las pruebas suelen ser de muy corta duración y eminentemente urbanas. En cuanto tengo vía libre dejo caer la velocidad para poder acelerar a fondo a gusto y probar en condiciones de una vez por todas la genial catapulta que supone un motor eléctrico. En cualquier test es lo primero que te dejan probar, pero tienes los 50 km/h de límite tan encima que apenas lo saboreas; aquí puedo explayarme a gusto y sentir cómo alcanzas los 120 en "cero coma", sin ningún tipo de interrupción en la entrega de potencia... genial!. Ahora que puedo rodar a una velocidad respetable noto que desaparece el silencio que me acompañaba con tanta claridad hasta ahora; es algo lógico, pues los ruidos aerodinámicos y de rodadura están ahí, independientemente de la motorización de tu vehículo, pero se hacen aún más patentes, aunque sólo sea por el contraste de lo vivido hasta ese momento.


De vuelta al parking del hotel, echamos un vistazo al consumo de electricidad y ha sido realmente elevado. Claro, han sido 45 minutos rodando a 80-90 con la punta de la autopista, pero salir con el "depósito" lleno y volver con menos de 300 km. de autonomía muestran a las claras que el peso y la potencia disponible no salen precisamente gratis. Después de probarlo a gusto, no me quedan dudas de que conducir un Jaguar siempre es un placer, tanto, que el hecho de que sea eléctrico acaba siendo anecdótico; incluso el tema del motor mudito pasa enseguida a un segundo plano, más si tenemos en cuenta que en este segmento los decibelios ya están muy controlados y que el efecto se diluye a medida que aumentas la velocidad. Es un poco como ver una película en 3D, que resulta muy impactante al principio pero que a los cinco minutos ya no eres capaz de advertirlo salvo en momentos muy puntuales. Las pegas obvias son su estratosférico precio, la necesidad de disponer de un punto de carga propio y la limitada autonomía... pero ser el más cool del barrio no tiene precio, verdad?


Y hasta aquí este post que se ha ido cociendo a fuego lento durante dos años. En breve, más sensaciones al volante!.